La imperfección como virtud

Quién no ha hecho infinitos planes de ideas maravillosas que a la larga nunca se ejecutan? Se Inicia bastante entusiasmado, esperando el momento excelso; el día perfecto para actuar que nunca será como tal, ya que cada día lo es si se deja de dar tantas vueltas analizando mínimos detalles al buscar mejorar, pensando que lo que se tiene para dar no se es suficiente o tan imprescindible como para exhibirlo. Sí existe la perfección equilibrada en el universo; en la naturaleza que por sí sola es perfecta tanto en lo cautivo como azaroso, pero al querer modificar lo que ya lo es se vuelve artificial, el mostrarse tal cual es nuestra verdad; esa es la que lleva a un estado potente de cambio y no a una locura psicópata de una búsqueda vanal. Julia Cameron comenta que “El perfeccionismo no es una búsqueda de lo mejor. Es perseguir lo peor de nosotros, la parte que nos dice que nada de lo que hagamos será lo bastante bueno” Ella siendo una gran autora tan reconocida sabe que la perfección es un blanco que se mueve y querer atinarle sería formarnos una psicosis por fracasos que cubrirán nuestras virtudes. En un contexto budista la perfección es querer ir a la otra brecha por creer que donde estamos no es donde tendríamos que estar y en el impulso de rechazarlo y compararnos con lo que debe ser, no crecemos por la presión que no queremos tener. Rechazamos la vida al no aceptar lo que somos, seres imperfectos sin exceso de nada más, valorar lo que hay, porque no se va a encontrar mas de lo que ya hay aquí. Abandonamos lo que hay por una visión futura que no existe en condiciones sociales que exceden nuestros límites de identidades ordinarias que nos mantiene atrapados en esta visión pequeña de lo que somos. La idea de lo que soy esta impregnado por la presencia de otros, no me puedo conocer sin conocer a otros y no puedo conocer a los otros sin conocerme. Pulir cada mínima característica al emprender no solo frena, enreda los conceptos e incluso el objetivo, las voces que emergen nos congelan, agravando los hechos con culpas de sentimientos totalmente ineficientes. Ya es suficiente con esa tortura por perfeccionar todo a futuro sin conectar con el presente de que lo estamos haciendo como mejor podemos en un gesto consciente de hacer las cosas corrigiendo lo que en ese momento vimos erróneo. Ese esfuerzo es el máximo en un rango marcado por las condiciones de ese momento. No es lo que siempre se le puede añadir, es saber que ya no hay nada más por quitar, que se acepta y se sigue progresando con confianza. Objetivamente eso es perfecto, pues se actuó a un nivel más alto que la misma conducta y aquí la culpa personal deja de tener sentido fuera de una cultura social. Es comprensible tomar un período para definir la idea y aclarar los detalles, no alebrestarnos en una emoción instantánea que descontrola, pero si la espera resulta estresante por no saber canalizarlas desacelera el andar y no se toma acción dentro de este ideal tan marcado del perfeccionismo en un deber ser, del `yo debo´ más que el ` yo quiero´. Así que lo primero es admitir que siempre habrá imperfecciones para que se vuelva esa nuestra verdad perfecta en lo que nada nunca lo será dentro de ojos ajenos que nos señalan como un fraude dentro de la perfección que sin sentirla hacemos verla por lo que creemos ver. Es como una imperfección ficticia que es real y por ese hecho ya es perfecto. Las fallas que vemos ya no nos desilusionan, dejamos de autocompadecernos de creer que merecemos sentirnos más con algo que no tenemos y eso aleja la realidad en que todos somos igual de imperfectos en una irrealidad cercanamente perfecta que va desvaneciéndose cuanto más perfectos nos sentimos ser. Al causar el orgullo que nos lo hace creer en lugar de la humildad que acepta que lo que tenemos para dar ya es perfecto por el solo hecho de ser compartido por más intrascendente que parezca ser si se es constante con esa acción erradicamos el parámetro que señala sin distinción el mito de la perfección. Mito reforzado en una era tecnológica, tan fuerte ahora con las redes en una total exposición envolvente por una imagen idílica del entorno perfecto con vidas perfectas. Al reflexionar de las imperfecciones que solo vemos en nosotros y no en los demás, esta imagen de perfección nos mantiene en una línea de superficialidad y de postureo en una falsa seguridad que no alcanzamos entre más lo aparentemos, esa presión de perfección externa y éxito material distorsiona la percepción del propio potencial. El punto alto que nos hacen mirar no es al mismo que queremos estar todos, por consecuente puede ser inalcanzable para algunos; no por falta de capacidad solo que no todos nos vemos desde la misma cima por los tantos paisajes que gustan más a unos que otros. Si dejamos de buscar y compararnos en esa perfección irreal nos limitamos más y frenamos el andar fluído que creemos muy lento para posiblemente estar en nuestra cima personal. Lo logrado es un paso más, celébralo por más insignificante que parezca para que con esa buena energía se atraiga lo mismo sin buscarlo y por eso ya es perfecto porque nos hace movernos de donde estábamos y al disfrutar ese camino no importa si llegamos a la meta que constantemente se va alterando para dejar de sernos irrelevante. Abrazar nuestras propias imperfecciones ocasionadas bajan nuestras equivocadas expectativas y aumentan nuestros logros por poner el foco en lo que es y no en lo que no. Aceptar democráticamente nuestras limitaciones más que tolerar jerárquicamente un esfuerzo sobre otro. Agradecer las experiencias que generan crecimiento y aprender lo que no se hará después es perfeccionable pero no perfecto. Justo queda crear con emoción y por si solo ya será genial lo que resulte de ello. Recordemos que los puntos de vista también cambian y nunca son iguales. No los tomes en cuenta como crítica solo preocúpate por complacerte a ti, de eso no habría falla. Nadie podría cuestionarte del porqué de algo, que sabes hiciste por que a ti te apasionó. Así que sin duda volverías a repetirlo en una versión mejorada por lo que ya haz aprendido. Vivir el presente es el mejor componente, goza las labores hechas y haz lo que puedas hacer, corrige lo que consideres malo en tus condiciones presentes al sentirnos completos. Siempre podemos dar y ser mejor de lo que somos pero al final uno hace lo mejor que puede en la vida, busca en ella la tranquilidad si no resulta como queremos (lo que sucederá muchas veces) pero si conectamos con ese resultado esperado o no, se habrá aprovechado más, que si hubiera sido de otra manera. Estamos hechos para cumplir una misión para la que venimos a este mundo, con un cuerpo perfecto que nos hace vivir y estar conscientes de la belleza que nos rodea. Perfectamente hechos por estar aquí, disfrutar y sentirlo dejando la opresión de un perfeccionismo inexistente. No siempre se recibe lo que pedimos pero si recibimos lo que necesitamos tener. Quién dice que no se es perfecto con las imperfecciones? La vida es el caos mismo, transitémosla en lo que sabemos que es. Imaginar lo diferente sin negar lo que hay, representa la transformación de avanzar, más que retroceder.

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Shareni Trejo

8/16/20231 min read

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